Segurata o Agente de Seguridad, (y parte 3ª)

Los problemas laborales del personal de seguridad privada se están globalizando. Ya no es posible hablar de casos concretos según el país de referencia. Sin embargo, el descrédito de estos profesionales permanece a lo largo de los años. A la clase política, los agentes sociales, y las empresas parece que no les preocupa. De igual modo, esta apatía de cambio, también se ha instalado entre los propios profesionales, sin darse cuenta que el cambio de opinión ya ha comenzado por dónde menos podía esperarse…

Hemos navegado por el mar de las palabras desde el origen más aceptado de la seguridad privada hasta la caída en el descrédito de una profesión que inició su andadura oficial con orgullo y reconocimiento popular. Comprobamos como la llegada de la democracia, por absurdos miedos y revanchas políticas, no trajo el soñado paraíso profesional, sino un infierno de Dante, con trabajadores a la búsqueda de reconocimiento. Desde entonces, muchas monedas han sido lanzadas intentando convencer al barquero de la laguna estigia, para que realice el viaje de retorno hacia la luz del amanecer profesional.

Responsabilidad de las Empresas de Seguridad…

Nunca lo reconocerán pero, las empresas de seguridad, tuvieron, y tienen, su buena cuota de culpabilidad en el descrédito del personal de seguridad. Sobre todo las grandes corporaciones, mantienen un doble rasero. Tras largos años de penoso y silencioso trabajo han conseguido una reputación de seriedad y de profesionalidad internacional, de la que carece su personal uniformado a nivel general. Aunque existan gloriosas excepciones, estas, sólo confirmarían la regla.

Cabalgando a lomos del beneficio económico, se lanzaron por la senda de la ignorancia y la inoperancia del VS profesional, y no la han soltado. La formación, sobre el papel es de último nivel, pero en realidad, la mayoría de los cursos son penosos, desfasados, inoperantes, y muy alejados de la realidad laboral que el personal uniformado realiza en la mayoría de los centros de trabajo. En el mejor de los casos, se limita a repetir el texto de una legislación que el VS tiene obligación de conocer, pero sin aclarar dudas o establecer protocolos claros de actuación.

En medio de este caos, justo es reconocer que las delegaciones provinciales, hoy en proceso de desaparición, suelen funcionar meridianamente bien. Con dificultad, se preocupan del personal uniformado, al que conocen de cerca. Pero en la sede central, el personal uniformado, son unos desconocidos, meros números estadísticos, que justifican la cuota de mercado y los ingresos mensuales. Personal totalmente prescindible, cuando no problemático, para la era digital de la seguridad.

Una Ley con posibilidades perdida en el limbo político

Las brillantes copas del bosque oscuro que supone la actual ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, apenas simbolizan una tibia esperanza de solución para los miles de uniformados de este colectivo. La propia ley, permanece en la nevera desde la llegada del gobierno bicéfalo de PSOE-Podemos. Y es de temer que allí permanezca hasta el nacimiento de otra ley más acorde con los ideales de la progresía.

La actual ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, ha significado un vano intento de modernización legislativa y corrección de los errores del pasado. En el preámbulo manifiesta dos cuestiones de importancia capital para el asunto del artículo, el descrédito profesional. La justificación de la ley 5/2014, reconoce que “La seguridad no es solo un valor jurídico, normativo o político; es igualmente un valor social… uno de los pilares primordiales de la sociedad, se encuentra en la base de la libertad y la igualdad y contribuye al desarrollo pleno de los individuos”. Pero se podría añadir maliciosamente, ¿También para los VS?

En el preámbulo se denomina al profesional como “Agentes Privados” de Seguridad, denominación más acorde con las funciones desarrolladas en la actualidad por este colectivo. Lástima que, a lo largo del articulado no se desarrolle este aspecto, permaneciendo las anteriores denominaciones. El resto de novedades, como la posibilidad de los servicios al exterior, penden de un hilo político muy fino.

El VS, que no está libre de todo pecado…

Llegamos a la zona tabú, del desprestigio de los Vigilantes de Seguridad. Que, en parte al menos, la responsabilidad de la mala prensa del colectivo sea debida a los propios VS, es un pensamiento prohibido. ¿Cuántos VS admitirían que su comportamiento no ha sido todo lo profesional que debiera ser con los clientes, los compañeros y el público en general? Mirar en el interior de uno mismo, sin prejuicios ni engaños psicológicos, es el mayor acto de valor que puede realizar cualquier persona a lo largo de su vida. Por eso se lleva a cabo en escasísimas ocasiones.

Cierto es que no se parte de condiciones laborales favorables. Los trabajadores de la seguridad privada pertenecen al sector que más horas anuales están obligados a trabajar. Sus funciones se encuentran en el limbo del capricho clientelar, empresarial y político. La inseguridad jurídica y legislativa es casi absoluta. Y las cuestiones laborales, precisamente no mejoran con los años como debería ocurrir.

Cuando hay suerte, se disfruta de un fin de semana al mes, que debe ser recuperado, pues en el cómputo de horas anuales del convenio no se contemplan los fines de semana. Con jornadas de trabajo de 12 horas, (lo más habitual), no hay derecho a descanso, siquiera para un mísero bocadillo. Y tampoco existe compensación económica por no disfrutarlo. Los VS, deben comer al mismo tiempo que desarrollan sus funciones diarias. Y quienes trabajan 8 horas, son considerados “suertudos o enchufados”, por unos y denostados por otros compañeros, pues de todo hay en la viña del señor.

Y si entramos en las condiciones laborales, de material, equipamiento, o del desarrollo de trabajo diario, más allá de ser un simple escribiente de documentos inservibles, la narración daría para un extenso libro. De la nómina, rayando su salario base el SMI (Salario Mínimo Interprofesional), también es preferible no entrar por el momento. Escamoteados los emolumentos entre múltiples complementos sin garantía de continuidad, el cálculo de la nómina real necesita de un profesional de la economía para entenderla.

Y para colmo de males, los sindicatos, las empresas y los políticos, miran para otro lado, con el silencio y connivencia de muchos de los propios VS. Pero, no pasa nada. Todo es perfecto. Hasta que el estrés, el cansancio y la depresión se acomodan en el ideario del VS y los duendes de la apatía, la dejadez, las malas formas y la queja permanente hacen su agosto a diario ¡Cómo no van a tener mala fama los VS con estos antecedentes!

Pero todo esto, aun siendo real, no justifica las acciones negativas que implantan una nefasta visión de la profesión en el cliente, la empresa, los políticos, las FFCCSE, y sobre todo, en la población. Demasiadas piedras son lanzadas contra el tejado de la profesionalidad y la credibilidad de los VS, desde las propias manos del colectivo.

Por inercia, la culpa de todos los males siempre se busca más allá de nosotros mismos. Se culpa al sueldo, las condiciones laborales, a las largas jornadas, la rigidez de la normativa, al cliente y su insistencia para que los VS realicen trabajos inapropiados. Y, sobre todo, se culpa a la tenebrosa empresa que sólo busca ganar dinero. En realidad, guste o no guste, casi la mitad de los motivos para tener mala prensa, son provocados por los propios VS, a través de su comportamiento inadecuado, su desidia, sus «trabajillos» ajenos a la seguridad o bien, por un exceso de celo en sus actuaciones laborales diarias.

La sensación de que los VS realizan un trabajo inútil, desprestigiado, vago, que cualquiera podría hacerlo, está a la orden del día entre la población, muchos políticos, y por desgracia, también ha calado entre el colectivo de VS. La apatía, insisto, se ha adueñado de gran parte de los trabajadores del sector. Afirmar que “Ya no hay que trabajar bien sino lo justo o menos”, es posible escucharlo de boca de los VS. Incluso se bromea con que “no nos pagan por pensar”. Máxima esta, que más de uno ha llevado hasta cotas inimaginables de perfección.

La solución no es fácil, sencillamente porque a las empresas de seguridad, este comportamiento anómalo de sus empleados, da la impresión que no les preocupa en demasía, siempre que no se reciban quejas del cliente. Dicen que la sotana no hace al monje, y es verdad. Pero también lo es que, la vestimenta, los indicativos del cargo, imponen un estatus social, unos deberes y unos derechos. Las clasificaciones y denominaciones peyorativas del personal de la seguridad privada, con placa de aparcacoches, tan sólo han servido como justificación para el insulto, la vagancia y el descrédito de unos trabajadores que, en la mayoría de los casos, se esfuerzan por ser buenos profesionales al servicio de la sociedad.

Desenlace de un problema largamente aparcado…

A pesar de todo lo expuesto, no todo son aguas turbias para el reconocimiento de la valía de los VS y las empresas de seguridad. Curiosamente, el sector que más ha cambiado la visión que tenía del personal de la seguridad privada, son las Direcciones Generales de la Policía (con la UCSP y las UTSP), así como de la Guardia Civil. En los últimos años, la relación directa entre los dos colectivos ha dado un giro radical de 180 grados. Hoy puede afirmarse que entre las FFCCSE, el personal, uniformado o no, y las empresas de seguridad privada, se ha creado un vínculo simbiótico, sin precedentes, con un objetivo común, “la seguridad del ciudadano”.

Ejemplo de lo expresado anteriormente se encuentra en el Plan “Colabora” de la Guardia Civil, en funcionamiento desde el año 2006. Por su parte, el CNP, en 2012 puso en marcha el Plan Integral de Colaboración entre la Policía Nacional y la Seguridad Privada, denominado “Red Azul Seguridad –R@S-, extendido posteriormente al proyecto “Vigila”.

Nuestra clase política viene demostrando carecer de visión de futuro. Se habla mucho de progreso, pero se vive estancado en ideales, odios y rencores del pasado. Y por desgracia la llave principal para el cambio se encuentra en sus manos. Ante esta situación de desamparo, al VS no le queda más remedio que convertirse en protagonista del cambio de imagen, ignorando a la clase política, la sociedad o la empresa contratante.

Ser un profesional no significa agradar al cliente o a la empresa, a cualquier precio. Expresar un “No puede ser” a tiempo y argumentado, es más eficaz que la expresión de cientos de quejas, batallitas o de la aceptación de trabajillos en la fina cuerda que separa el trabajo de seguridad, con las cuestiones laborales del cliente. En realidad, ningún cliente, empresa, o ciudadano de a pie, aguanta al “pelotilla”, al listillo que se mete donde no debe, al “graciete” que entretiene a los trabajadores, al VS que convierte el uniforme en el traje de los domingos, o en su pijama preferido…

Los inconvenientes de la profesión son múltiples, es verdad, y no necesita de problemas inventados por nadie para hacerse el héroe. Al mismo tiempo, siempre me ha sorprendido el silencio de los sindicatos por las cuestiones importantes que sufre el colectivo de la seguridad, (jornada laboral anual, sueldo, reafirmación profesionalidad…). Difícilmente será posible conseguir grandes cambios sin el apoyo de quienes deberían liderar el cambio, y da la impresión que no les preocupa lo más mínimo.

Entonces… ¿Por qué no empezar el cambio por la base misma de la profesión? Y esta no es otra que la  filosofía definitoria del profesional. 

Los grandes viajes siempre empiezan con pasos cortos pero firmes. Para la RAE, un “vigilante” es quien “vela o está despierto”. La propia palabra manifiesta inacción. Un comportamiento estático, carente de capacidad operativa y de decisión. Un trabajo de mero observador, a la espera de acontecimientos negativos. Típico de tiempos pasados, se define perfectamente por esa máxima a la que me refería antes: “A mí, no me pagan para pensar”.

Por el contrario, la misma academia de la lengua española determina que un “Agente”, es una persona que “obra o tiene capacidad para obrar… con poder de otra”, el Estado en este caso; y “que produce un efecto”, la prevención y solución de problemas. La denominación lleva en sí misma una connotación de respeto por su  capacidad de actuar. Por extensión, se podría considerar que ostenta el estatus de “autoridad” del Estado para enfrentarse a situaciones donde la seguridad del ciudadano se vea comprometida.  Y no me refiero a adoptar el concepto del “Security Officer”, (oficial de seguridad) de los EEUU, con reconocimiento oficial para investigar y actuar en cualquier ámbito y lugar, dependiendo de las necesidades de seguridad del cliente. ¿No puede haber un término medio, de estilo europeo?

Resulta evidente que, el propio concepto de “vigilante” utilizado hasta ahora por las diversas legislaciones de seguridad está desfasado. Tiene una connotación peyorativa, de inacción, y de inutilidad de la no podrá escapar el profesional. En el otro extremo, la concepción del “Agente de Seguridad”, está más acorde con los campos de actuación, las funciones y la significación de “Seguridad Preventiva, Resolutoria y Asesora” hacia la que camina la Seguridad Privada en Europa.

Para conseguirlo, se hace imprescindible que la filosofía de la nueva seguridad vaya cogida de la mano de una adecuada titulación académica de Formación Profesional abalada por el Ministerio de Educación correspondiente, y no por la tomadura de pelo que supone para el personal de la seguridad privada el novísimo Certificado de Profesionalidad en “Vigilancia, Seguridad Privada y Protección de Personas”, (código SEAD0112), sin reconocimiento académico alguno, ni implantación en todo el territorio nacional, a pesar de sus 290 horas lectivas.

Como he dicho, resulta previsible que la seguridad privada del futuro sea dinámica y preventiva, en contra del sistema estático y resolutivo característico desde el siglo XVIII. ¿Es posible que TODO en la seguridad privada vaya a evolucionar excepto los fundamentos de los profesionales que deben aplicarla?

Acabar con la mala prensa fomentada o aplaudida desde algunos estamentos políticos, hoy por hoy, el cambio de opinión resulta un sueño imposible de una noche de verano. Al menos, las FFCCSE, han iniciado el proceso de cambio en la buena dirección. Lástima que las empresas, aún no hayan definido claramente, y hecha pública, su política futura de cara al personal operativo y uniformado, pues su actual preocupación está centrada en la implantación tecnológica, que da menos problemas laborales.

Por lo tanto, considero que, al VS sólo le queda una salida para lograr el cambio de opinión en la sociedad. Aunque los inicios puedan parecer inútiles, el VS debe convertirse en un espejo profesional, en el que los demás desearían verse reflejados. Tomar la iniciativa y actuar de forma adecuada dentro de sus funciones. Y todo ello por el simple “Placer Personal” de ser eficaces y sentirse orgullosos de su profesión.

Hacer las cosas correctas, al margen del comportamiento de las empresas, los clientes, o los políticos. En definitiva, actuar como un “Agente de Seguridad Profesional” y no como el acomodado segurata que sólo espera el fin de su larga y apática jornada de escribiente-observador, recalculando diariamente las horas de su próxima nómina.

El deseado reconocimiento y el apoyo social pertinente, con el tiempo, vendrá por añadidura.

@RafaMontilla_

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