Seguridad en el Manejo del Arma

El uso de las armas en España está lleno de incongruencias y tabúes, la mayoría de las veces sin motivo, pero que han sido convenientemente implantados en la población para provocar su rechazo. El personal de seguridad privada, con sus especialidades, tienen la obligación de conocerlas y manejarlas. Sin embargo, los servicios armados pueden que no superen el 20%, lo que provoca olvidos y negligencias que retroalimentan los miedos hacia su utilización generalizada.

Suele considerarse que Aprender es un proceso que implica leer, memorizar, y principalmente entender lo leído. En la formación del personal de seguridad, pública o privada, estas consideraciones, además, deben llevar implícita una cuarta y una quinta acepción: la práctica y la habilidad obtenida con ella. En ella, existen tres materias en las que una pobre asimilación del temario y la falta de una práctica adecuada puede conllevar un resultado de muerte para el profesional o para terceras personas: la actuación ante un incendio; en la atención sanitaria de un herido y, sobre todo, por un inadecuado manejo de las armas de fuego reglamentarias.

El estudio, manejo, práctica y ejercicio con las armas de fuego que tiene asignadas el personal de seguridad privada se encuadra dentro de los estudios especificados en el Área Instrumental. Curiosamente, suele considerarse que esas escasas horas de teoría y práctica, cada vez más virtual, deben bastar para el resto de la vida de servicio. Y se olvida que este hecho, la falta de formación y práctica, aunque sea real, no es una eximente en caso de una actuación negligente de los agentes de seguridad, pública o privada, pues siempre existe la obligación del V.S.

¿Cuántos V.S. han llegado a los ejercicios de tiro sin haber cogido un arma real nunca?

Las armas reglamentarias del personal de seguridad privada vienen especificadas en la Ley 5/2014, de 4 de abril, de seguridad privada. Artículos 21.1; 26; 27; del 32 al 40, ambos inclusive; y 57. También se debe tener en cuenta el Reglamento de Seguridad Privada, aprobado por Real Decreto 2364/1994, de 9 de diciembre, aún en vigor por los seis años de demora que lleva el específico de la actual ley 5/2014. Y como complemento indispensable no se debe olvidar el Reglamento de Armas, aprobado por Real Decreto 137/1993 de 29 de enero.

Como se especifica en la legislación anterior, las armas con las que realizarán el ejercicio práctico y los servicios de protección y seguridad los V.S. y sus especialidades son las siguientes: la pistola semiautomática del calibre 9 mm Pb. El revólver calibre 38 especial de 4 pulgadas. La escopeta de repetición del calibre 12/70. Y el arma larga rayada de repetición, de las contempladas en la Orden de 15 de febrero de 1997, por la que se determinan las armas de fuego a utilizar por los Guardas Particulares de Campo para desempeñar funciones de Vigilancia y Guardería.

Teniendo en cuenta lo anterior, la adopción de medidas de seguridad durante el manejo de las armas de fuego, viene determinada por la necesidad de lograr el menor número de accidentes y de actuaciones ineficaces y/o negligentes posibles durante su manejo y utilización durante los servicios armados y prácticas oficiales de tiro. Medidas y normas de seguridad que nunca deberían ser olvidadas y mucho menos ignoradas, aunque no se realicen servicios armados, pues la situación suele cambiar en escasos días. Sirvan las siguientes líneas como un somero recordatorio.

En Líneas Generales

Identificar y Conocer las medidas de seguridad que lleva integrada cada arma antes de ser utilizada. Trabajar la respiración para que sea lo más calmada posible en todas las circunstancias en las que intervenga el agente de seguridad. Las personas solemos tener lo que se denomina un “Ojo Dominante” siendo el otro un “Ojo Director”. Conviene ser consciente previamente de ello pues ambos ojos no tienen la misma agudeza visual. Empuñar el arma con firmeza en línea visual del hombro, brazo, y objetivo, sin llegar a tensionarla. Controlar la presión sobre el disparador, evitando el tirón denominado “Trigger” (gatillazo).

Entregar o recoger el arma, comprobar si está cargada, con el tambor o recámara abierta y, siempre que sea posible, vacía con el cañón mirando hacia el suelo. Siempre considerar y manipular las armas como si estuvieran cargadas. Nunca dar supuesto las medidas de seguridad que su utilización conlleva.

No abandonar el arma en ningún momento ni situación. No jugar con las armas, incluso cuando se tiene la certeza de que está descargada. Y, sobre todo, nunca apuntar el arma hacia nadie sino es con intención de utilizarla.

Durante los Ejercicios de Tiro

Las normas generales y específicas que se deben contemplar durante los ejercicios de tiro vienen recogidas en el “Tema 4. Normas de seguridad en el manejo de las armas” del temario correspondiente al Área Instrumental, y se centran principalmente en los siguientes aspectos:

Seguir las indicaciones del director de tiro en todo momento. El arma permanece en la funda o posición de descanso hasta que lo autorice el director de tiro. Elevar el brazo desde la posición de descanso a la línea visual del ojo para enrasar correctamente los elementos de puntería con el ojo del tirador y el blanco, y no al revés.

Comprobar que en la posición de guardia baja no existen obstáculos, como los típicos cubos de desecho en las galerías de tiro. Nunca volverse hacia la zona de espera cuando se está empuñando el arma. Levantar el brazo ante cualquier interrupción o incidencia durante el ejercicio de tiro.

Durante el servicio

Al comenzar el servicio comprobar los elementos de seguridad, la alineación de la mira de manera visual, la alimentación de la munición, y el estado general del arma. Llevarla siempre en la funda y bloqueada con la presilla de seguridad para evitar su caída o cualquier intento de sustracción. Utilizar una funda adecuada a las características personales (diestros o zurdos). Evitar los golpes durante el servicio. Nunca desenfundarla sin necesidad. Nunca jugar con el arma reglamentaria, ni o mostrarla a terceras personas.

Durante una intervención.

Si la utilización del arma de fuego se hace imprescindible, y siempre que no se trate de repeler el fuego enemigo, conviene tener en cuenta los siguientes pasos: desenfundar con el dedo índice fuera del arco del guardamonte y la cola del disparador (el gatillo). Apuntar el arma hacia el suelo. Avisar al agresor. Si es posible o conveniente, disparar al aire, teniendo en cuenta los posibles obstáculos que puedan encontrarse en la zona y producir el efecto rebote.

Disparar al suelo en los alrededores del agresor suele enseñarse a los principiantes para estas ocasiones, sin embargo, existe el riesgo de lesiones a terceros cuando el V.S. se encuentra bajo excesivo estrés, o su habilidad no es la adecuada. La misma precaución anterior se debe poner en práctica si la decisión es disparar a las partes no vitales del cuerpo del agresor. De modo que esta decisión debe ser considerada únicamente cuando no hay otra posibilidad de actuación para repeler la agresión violenta con armas.

Seguridad en el manejo de las armas durante una intervención

Durante una intervención de estas características, el arma, permanece por delante del cuerpo, en la dirección visual, y apuntando hacia el suelo hasta que se decida comenzar con los disparos.

En definitiva, y sin extenderme más, estas medidas, y cualquier otra que pueda mejorar su utilización, vienen regidas por dos cuestiones importantes pero que en ocasiones se olvidan: la Sensatez y la Habilidad durante su utilización.

La licencia para portar armas de fuego durante el servicio no habilita, por sí sola, para su utilización, excepto en casos de extrema gravedad donde corra peligro de muerte el agente de seguridad, las personas protegidas y que sea totalmente imposible repeler una grave agresión por otros métodos. En estos casos, el actual Código Penal, considera la actuación como “Circunstancias Eximentes de la Responsabilidad” (legítima defensa, estado de necesidad, y/o actuar en el ejercicio legítimo de un derecho, oficio o cargo), que justificara el uso del arma.

Pero, por encima de todo lo anterior, los profesionales de la seguridad que porten y manejen armas de fuego, conviene no olvidar que la utilización del arma debe tener una función, eminentemente disuasoria bajo estrictas medidas de seguridad.

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