Sr. SÁNCHEZ, MADRID SÍ QUERÍA VOTAR

El 4M ha pasado con éxitos, desengaños y abandonos, negados previamente. PP, Vox, Más Madrid y Podemos, han aumentado sus diputados. PSOE sufre un descalabro mayor que el pronosticado por los analistas oficiales e independientes. Y Ciudadanos, pasa al limbo del olvido, como era previsible.

En cada convocatoria electoral, los partidos políticos se declaran vencedores de los comicios. Sin embargo, el pasado 4 de mayo, exceptuando al PSOE y a Cs, sin posibilidad de maquillaje vencedor desde el CIS, el arrollador éxito de Díaz Ayuso ha provocado que el resto de partidos políticos se consideren virtualmente “derrotados”, a pesar del aumento de diputados logrados por Más Madrid, Podemos y Vox, que sólo han manifestado discretas manifestaciones de éxito.

A pesar de las consignas lanzadas por los partidos de la izquierda y por los naranjas de Edmundo Bal, antes y durante la campaña electoral, “Madrid, Sí quería votar”.  Como consecuencia los ciudadanos se han movilizado en torno a una presidenta que ha demostrado tener un respeto por sus ciudadanos que otros dirigentes políticos no les conceden. Y como muestra basta resumir los insultos del gurú de la Moncloa, Tezanos, y sus «tabernarios», o más recientemente a la vicepresidenta Carmen Calvo con sus «cañas y berberechos».

Pedro Sánchez, bien protegido y sin esperar turno, abucheado cuando llegó al colegio electoral que le correspondía, no tuvo una salida mejor. Rayando la ilegalidad electoral, se permitió llevar a cabo un mitin “supuestamente improvisado”, donde no faltaron los micrófonos, las cámaras y periodistas, sobre el estado de las vacunaciones, y la buena gestión que el partido socialista está realizando a pesar de la pandemia. Las críticas y abucheos arreciaron hasta su partida hacia la Moncloa.

Cuatro cuestiones fundamentales podrían explicar la victoria de Isabel Díaz Ayuso, rompiendo todos los pronósticos. No permitió que el menguante brillo de Pablo Casado y el PP nacional le hicieran sombra durante la campaña. Su defensa a ultranza de ese sentimiento de “libertad”, que los españoles sacaron en Numancia (133 a.C.); en Sagunto (219 a.C.), y sobre todo en el Madrid liberal de 1808, frente a gobernantes opresores de la población, también podría explicarlo en parte.

La enconada lucha contra el cierre de los establecimientos públicos y privados, muchos de ellos regentados por autónomos, frente al gobierno de Pedro Sánchez. Y, sobre todo, la decisión de Díaz Ayuso, de mantenerse al margen de la violencia esgrimida por sus adversarios. No dejarse embaucar en esas riñas absurdas de púberes colegiales que han caracterizado la campaña, fue decisiva, En definitiva, que, Díaz Ayuso, acertó de pleno con su decisión de convocar elecciones, y los resultados obtenidos dan fe de todo ello.

Los insultos, el odio, las violencias verbales y las agresiones, han demostrado su ineficacia frente a una población que se niega a ser considerada políticamente “infantiloide”. Estas actuaciones violentas, aparecen tras las elecciones como medidas contraproducentes frente a un electorado cansado de la polarización política utilizada como excusa para que, los oponentes a Díaz ayuso, no tuvieran necesidad de explicar, con claridad, las propuestas de gobierno de cada partido político.

Pasada la euforia de la noche electoral, las elucubraciones sobre los resultados y las luchas internas no han tardado en aparecer. Así, a Pablo Casado le faltó tiempo para alimentarse de un éxito ajeno en el que su mayor aportación ha sido permanecer callado y alejado de la candidata. También conviene resaltar que los batacazos de PSOE y de Ciudadanos, no pueden ser minimizados por la subida de Mas Madrid y Podemos, considerando el conjunto de “las izquierdas”, en lugar de cada partido a nivel individual.

La nota discordante de la noche, de desengaño para unos, esperada para otros, y celebrada incluso por gran parte de la izquierda moderada, la dió Pablo Iglesias con su retirada de la política activa. Convertirse en víctima de las agresiones que él mismo favoreció no justifica que, en realidad, haya abandonado a sus votantes, seguidores y afiliados por intereses particulares del ex vicepresidente del gobierno de Sánchez a cambio de un programa en la televisión de Roures. A partir de aquí, todas las posibilidades están abiertas sobre la reacción de los votantes morados que, desengañados y abandonados a su suerte, ya no saben hacia qué nuevo líder abrazar. Una incógnita que sólo servirá para alimentar las rencillas y los odios internos de la formación morada a nivel nacional.

En medio de la marea provocada con las elecciones en Madrid, continúa siendo significativo que los únicos altercados e incidentes producidos, con intervención de la policía, fueran protagonizados, una vez más, por miembros de colectivos cercanos al sector de la izquierda de Vallecas y del feminismo radical de FEMEN.

Los ciudadanos y la clase política deberían meditar seriamente sobre este hecho. No es de recibo que, tras más de cuarenta años de avances democráticos, simpatizantes, afiliados, e incluso dirigentes políticos, continúen utilizando las amenazas y la violencia física y psíquica para impedir que la población vote libremente “lo que le dé la gana” sin interferencias ajenas.

En cuanto a las posibles extrapolaciones de los resultados a nivel nacional, tan sólo representan las ensoñaciones de quienes son incapaces de reconocer su fracaso. La propia Isabel Díaz Ayuso, desde la humildad, es «consciente de que tengo mucho voto prestado». Cosa no aceptan reconocer desde la dirección del PP, empezando por el propio Pablo Casado.

Hoy por hoy, dicha extrapolación resulta inverosímil, lo que no significa ausencia de reacciones adversas o de aprovechamientos para las luchas internas dentro de los partidos que han resultado claramente derrotados más allá de toda imaginación política. La economía liberal impulsada por Díaz Ayuso no se da en ninguna otra autonomía. Ni siquiera en las gobernadas por el PP.  A nivel nacional, Pablo Casado y su “cremoso” Partido Popular de la Agenda 2030, no resulta creíble para muchos ciudadanos que empiezan a sufrir la deriva progresista, lingüística y seudo independentista de algunos dirigentes populares.

Tampoco se debe ignorar que, en la comunidad de Madrid, no ha ganado la política nacional del Partido Popular. ¡Ha vencido Díaz Ayuso!, a pesar del PP. Su proclamada «vida en libertad» y respeto por el ciudadano se encuentra en la base de la victoria. Éxito únicamente posible en una comunidad como Madrid, que viene siendo atacada sistemáticamente desde el gobierno y el resto de partidos de la izquierda, día sí y día también.

Pensar que, sin replicar la actuación y las decisiones de Díaz Ayuso, el milagro azul se repetirá en todo el país por obra y gracia de Pablo Casado, es desconocer por completo la realidad madrileña y la española.