Humillante Sumisión de Sánchez

Pedro Sánchez, en la sesión monográfica del miércoles pasado, intentó justificar, que no explicar, las razones espurias por las que ha concedido los conflictivos indultos a los condenados por el 1-O. Durante su comparecencia no tuvo ningún reparo en arrogarse como propio el lenguaje típico de los separatistas. Incluso llegó a calificar la continua rebelión y peculado cometido por los agraciados del “procés” como «conflicto político», y no como un incumplimiento de la Ley.

En esta línea argumental, llegó a afirmar que no se debe «hacer descansar en los tribunales la responsabilidad política». Con estas palabras confirmaba algo que muchos ya sospechábamos y denunciábamos ante la opinión pública. El PSOE, considera que la «La Política está por encima de la propia Ley». También asumió de este modo las manifestaciones de su ministra de “des-Igualdad”, Irene Montero. En el fondo de su disertación monolítica, aceptaba de manera sumisa los ideales enarbolados de forma reiterada, no sólo por su coaligado Podemos, sino por todos los partidos políticos con tendencia secesionista del País Vasco, Cataluña, Galicia, Canarias, Valencia, o Baleares, desde hace años.

Para el presidente Sánchez, «la vía judicial no vale por sí sola para garantizar la convivencia en Cataluña». De hecho, su modus operandi, desde que alcanzó la presidencia por la vía de la moción de censura, es el habitual de los gobiernos totalitarios, dictatoriales, o el franquista, en el que tanto se escuda para legislar de manera antidemocrática. Copiando a Irene Montero, el presidente, no duda en poner en práctica que «sólo la vía política» será seguida por el ejecutivo.

Y todo ello, a pesar de que el presidente autonómico catalán, Pere Aragonés, le dejó bien claro que, además de la supresión de la causa abierta por el Tribunal de Cuentas, superior a los cinco millones de euros por malversación, las principales exigencias serán inamovibles, y que se centraran en la «amnistía y la autodeterminación» de Cataluña, sin contar con el resto de la población española.

En psicología, la humillación se considera un estado emocional negativo. La carencia de valía y la aceptación de la mediocridad como norma de actuación, termina siendo tan habitual que resulta impensable un comportamiento y una vida cotidiana, alejados de la constante degradación. Decía Charles Michael «Chuck» Palahniuk, novelista satírico y periodista independiente estadounidense, que, «La tortura es tortura y la humillación es humillación solamente si uno elige sufrir».

Teniendo en cuenta los sucesos que vienen ocurriendo con el gobierno bicéfalo, da la impresión que Pedro Sánchez, y los votantes del PSOE, no sólo han decidido vivir en la humillación permanente, sino en trocar el «sufrimiento» en símbolo de esa «felicidad en la pobreza», que el presidente del gobierno promete lograr para 2030. Siempre que los ciudadanos aludidos No pertenezcan a la casta política, naturalmente.

Cual pedigüeño político, Pedro Sánchez, en su constante súplica de perdón a sus socios secesionistas, llegó a afirmar que los separatistas condenados por el referéndum ilegal han asumido la «responsabilidad de sus actos». Falaz y vano intento de alcanzar su mendigante «concordia… para fortalecer la convivencia» que, de hecho, los propios independentistas ni desean, ni aceptaran para llevar a cabo sus planes de ruptura.

Ante la afirmación del presidente Sánchez sobre que «no habrá referéndum de autodeterminación» en Cataluña, porque «el PSOE jamás aceptará este tipo de derivadas». Gabriel Rufián, tan incrédulo como el resto de la Cámara Baja y la población en general, no tuvo compasión y dejó claro el poder que ejerce sobre el presidente Sánchez. El charnego reconvertido en abanderado del independentismo catalán, se permitió lanzar al cabizbajo Sánchez la más variada gama de insultos, humillaciones, mofas y befas que el diccionario y la sabiduría popular puede proporcionar. El portavoz de ERC, entre risitas, aseguró a Sánchez que, del mismo modo que ha incumplido su promesa de no conceder los indultos, aceptará el referéndum, con un lacónico, «denos tiempo».

Como respuesta a tanta “Humillación Sumisa”, Sánchez, aceptó la retahíla de agravios, bajando la mirada en clara muestra de la más abyecta subordinación del presidente del país al independentismo catalán, y criticando «chulescamente» a la bancada de la derecha que había repetido, en esencia, las mismas acusaciones que Rufián. Oriol Junqueras ya lo había dejado claro hace pocos días. La aceptación y aprobación de los indultos sólo «Demuestran la debilidad del Estado». Y los hechos consumados de Sánchez y el PSOE le dan toda la razón.

La memoria social es tremendamente frágil y liviana, pero quizás convendría a la población española modificar este comportamiento y retener en la memoria próxima, no sólo los acontecimientos señalados, sino las palabras del filósofo francés Jean Edmond Cyrus Rostand, cuando afirmó que «No son las bajezas de los hombres las que son innobles, sino la forma en que saben hacérselas perdonar».

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