SEREMOS DOS

Mañana seremos dos figuras perdidas entre las brumas del tiempo.

Veremos al mundo de mil formas diferentes. Como enamorados secretos, nuestros pensamientos rozaran sus mejillas en la noche estrellada.

Seremos conscientes de las cosas desagradables del mundo. Muchas personas, rápidamente contestaran con un escueto, ¡claro!, o tal vez, con un académico ¡evidentemente!

Pero, lamentablemente, quienes respondan sin meditación, olvidan su respuesta a mayor velocidad que el tiempo empleado en un engañoso parpadeo.

Mañana seremos dos figuras perdidas entre las brumas del tiempo.

La Luna y el Sol se persiguen mutuamente. Como primerizos novios se buscan entre las olas brillantes del día y de los sonidos de la misteriosa noche.

En ocasiones, la Luna se cuela de rondón para observar desde las alturas el bullicioso mundo del resplandeciente Sol. Por su parte, el celestial otorgador del calor vital, también lo intenta, pero sin éxito. Y tras cada fracaso, sus lágrimas de pena, llenan de rocío los amaneceres por la separación, al mismo tiempo que sus ensangrentados brazos muestran la agonía de la Noche.

El mundo que conocemos acabará. Más tarde o más temprano, acabará entre llantos de unos y sorpresa de otros. Finalizará para descanso de unos y desgracia de otros. Es ley de vida que así sucederá. Pero ninguno de ellos deseará contemplar ese momento.

Mañana seremos dos figuras perdidas entre las brumas del tiempo.

Hoy, como ayer. Mañana como hoy. La vida auténtica nunca cambia más allá de las apreciaciones personales. Muchos, demasiados, confunden el avance científico y los experimentos sociales con la evolución natural. Con la propia vida.

Olvidan quienes así piensan que no puede existir “vida” en medio de una existencia inanimada. La ciencia, por muy maravillosa que pueda ser, nunca tendrá sentimientos. Ni podrá amar. Ni tan siquiera intentará llamar o buscar a su pareja emocional.

Mañana seremos dos figuras perdidas entre las brumas del tiempo.

Cogidos de la mano, caminaremos por los bosques del destino. Escucharemos los sonidos del flautista anunciando un nuevo amanecer latiendo al unísono de nuestros corazones.

Las montañas lejanas nos darán cobijo en las frías noches de invierno, porque siempre seremos dos que caminan hacia la misma Luna y el mismo Sol.

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