MÁS ALLÁ DEL INFIERNO DE COBARDES

Para el escritor y filósofo francés de finales del siglo XVI, Michel de Montaigne, la cobardía es la madre de la crueldad. En los últimos días, una familia de españoles viene sufriendo todo tipo de vejaciones e insultos por parte de sus convecinos alentados por las propias autoridades catalanas. Una mayoría de la sociedad española se muestra pasiva y silenciosa, para no enfrentarse a la ignominia de los gobernantes de Cataluña y de España entera.

En 1973 se estrenó la película High Plains Drifter (El Vagabundo de las Altas Llanuras) dirigida y protagonizada por el múltiple ganador de los premios Oscar, Clint Eastwood. En España, quizás por la tendencia a estropear las sorpresas, se tituló “Infierno de Cobardes”.  Considerada con el paso del tiempo como una obra de arte, en los años setenta levantó ampollas entre el emergente movimiento feminista, aunque no tanto entre los educadores sociales y la población en general.

Tan ciega y sectaria como lo es hoy día, parte de la crítica, aleccionada por dicho feminismo, ignoró la profundidad y la advertencia que integraba la película. Eastwood, considera que la línea entre el bien y el mal nunca está bien definida. Así lo ha plasmado en varias de las películas que ha dirigido. Para el actor, director, guionista y productor californiano, las actuaciones más deplorables del ser humano suelen ser consentidas, cuando no alentadas, por la sociedad ideologizada, en connivencia secreta o mediante el miedo que suele cabalgar libremente entre sus miembros.

En este “Infierno de Cobardes” en el que se ha convertido la sociedad española, la localidad de Canet de Mar, viene recreando el mismo dramatismo traicionero, con sus dosis de indignidad correspondiente. Tampoco faltan las peticiones de linchamiento de un niño junto a sus padres que recuerda la cobardía de los habitantes de esa imaginaria población fronteriza de “Lago” en la que Clint Eastwood, muestra crudamente las consecuencias de permitir jubilosamente la apertura de cualquier Caja de Pandora sin pensar en las consecuencias futuras de los actos.

Para quienes viven gozosamente la vida de falso paraíso dibujado por Pedro Sánchez, sólo voy a plasmar una pincelada de los sucesos que vienen sucediéndose en la localidad catalana de Canet de Mar.

Una familia entera está siendo vilipendiada, insultada, y amenazada con todo tipo de ataques, incluido la solicitud de apedreamiento físico y su expulsión de Cataluña, por haber cometido el mayor de los delitos que esta pávida sociedad en la que vivimos puede permitirse asumir. Estos “indeseables” a los ojos del independentismo totalitario, y del gobierno de Sánchez, pretende sin más que su hijo menor, ¿de cinco escasos años?, pueda estudiar en español ¡6 horas a la semana!, como ha declarado recientemente, en sentencia firme y de obligado cumplimiento, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

Abandonados por los vecinos, los compañeros de clase, los profesores y responsables del centro educativo, los políticos con sus gobiernos de fantasía, y la mayor parte de la población española que forman este Infierno de Cobardes en el que convive ciegamente nuestra sociedad española, los miembros de la familia de Canet de Mar, se han visto obligados a solicitar el amparo judicial como último recurso de supervivencia.

El gobierno en pleno, con la desfachatez que les caracteriza, declara su más absoluto desconocimiento de los sucesos. ¿Desconoce lo que hace impunemente su socio para mantenerse en la Moncloa? Un solo dato delata la desfachatez e ignominia de un Pedro Sánchez que reniega de su obligación en defender “A todos los Españoles”.

Como recordaran los lectores, el pasado mes de septiembre, fue notoria la denuncia por una supuesta agresión llevada a cabo por un “inventado” grupo de encapuchados que habrían grabado la palabra «maricón» en el glúteo de la persona denunciante. Pocos días después, el propio denunciante admitiría ante los investigadores del CNP que, en realidad, había sido una «agresión Fake» (falsa). En realidad la grabación de la mencionada palabra se produjo durante un acto consentido de prácticas masoquistas. A pesar de ello, el propio Sánchez no tuvo ningún reparo en declarar que pondría en marcha de manera fulminante «todas las herramientas del Estado de Derecho [… con las que] combatir los discursos y actitudes» que  promueven el odio.

Por el contrario, como denuncian algunos medios de prensa, muy escasos por cierto, el gobierno, se niega a convocar la Comisión de Seguimiento del Plan de Lucha Contra los Delitos de Odio, por el caso de la acosada familia de Canet de Mar. El ejecutivo de Sánchez evita así que dichas agresiones de odio y amenazas sean investigadas, y sus promotores y ejecutores sean puestos ante la justicia.

Mientras que esta familia recibe tantas vejaciones, presiones y muestras de acoso, incluyendo el “apedreamiento oficial y oficioso”, ¿Dónde se encuentra nuestro presidente Pedro Sánchez? Al tiempo que niega toda la  ayuda posible a esta familia, cabalga en falcón por las colinas gallegas, para autoproclamarse «vanguardia de lo que está por venir en Europa».

¿Dónde está el Ministerio de Igualdad de Irene Montero? Repartiendo millones a los amiguetes. ¿Y dónde está la ministra Ione Belarra de Derechos Sociales y Agenda 2030? Mirando hacia las próximas elecciones y la caída de Podemos. ¿Y la ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría? Levantando los hombros y echando balones fuera.

Las Comunidades Autónomas tampoco están libres de pecado. Cómplices silenciosas y necesarias en la fabricación del infierno catalán y español, declaran calladamente que eso no va con ellos. Y parece que tampoco va con la población española en su conjunto.

En cuanto a la sociedad civil de la que tanto se alardea a la hora de recoger subvenciones, ¿Dónde están los sindicatos, asociaciones y profesionales de la Educación? Seguramente, planificando las próximas vacaciones. ¿Y los miles de profesionales de la Educación Social y/o Trabajo Social, con sus costosos e inútiles colegios y asociaciones profesionales? Esto No va con ellos. Además, ocurre en otro en país, no en el mío.

¿Dónde se hallan todos aquellos que enarbolan, y consumen febrilmente lecturas sobre el pacifismo, la solidaridad, el humanismo, el bienestar social, el progresismo, el milenarismo y otros tantos miles de “ismos” típicos de la ingeniería social? Tampoco debe ir con ellos pues no les ha llegado al adorado whatsapp ninguna convocatoria para movilizarles en las calles contra la ignominia catalana o la dejadez gubernamental socialista y comunista. ¿Dónde queda la libertad de las personas y la tan cacareada empatía social?

Y, ¿Qué me dicen de tantos Defensores del Pueblo, Defensores del Menor o supuestos Defensores de las Familias, repartidos por la toda la geografía nacional?, para su vergüenza, ninguno de ellos ha tenido la valentía, la honradez o la profesionalidad para alzar su voz de forma contundente para denunciar, incluso ante la justicia, tamaño agravio.

Cuando una sociedad acepta alegremente el laconismo del “Sí señor, lo que vuecencia desee”. Cuando se acepta, sin réplica, la arrogancia y el desprecio de ciudadanos y gobernadores que sólo pueden ser calificados de “dictadores ideológicos”. Cuando los ciudadanos dejan de exigir lo que les corresponde para regalarlo a sus carceleros. La pobreza de la sociedad en la que vivimos se ha ganado a golpe de silencios, la mayor de las desgracias liberadas por Pandora.

Cuando los ciudadanos aceptan con una sonrisa la humillación, el maltrato y el abuso de las personas, los grupos partidistas, los políticos y sus gobernantes, la caída de la propia sociedad está demasiado cerca para poder mirar hacia otro lado o huir cobardemente. Este cerote no sirve para unir a las personas. Por el contrario, esta indignidad de la sociedad española en su conjunto, favorece y alimenta las humillaciones, las ofensas y los maltratos indiscriminados como los que viene sufriendo la familia de Canet de Mar.

Como en la película de Clint Eastwood, España entera se ha convertido en un “Infierno de Cobardes”, y tarde o temprano, la misma actitud pasiva que hoy les convierte en colaboradores imprescindibles de tanta iniquidad, mañana les hará beneficiarios de los mismos ataques orquestados por otros dictadores del pensamiento y la esclavitud social.

La actual atmósfera de convivencia infernal, perversa, y casi apocalíptica, que se respira en Canet de Mar, y en Cataluña entera, sólo representa la antesala de lo que vendrá. Pero no en Europa como alardea Pedro Sánchez, sino en nuestros hogares.  Que tanta nómina agradecida permanezca callada no es de extrañar cuando “el amo” ideológico ordena silencio, pero no por ello lo convierte en ético y solidario.

Por lo tanto, como persona antes que periodista o educador, baste este panegírico para negarme a ese “silencio colaborador” al que me refería. Alzo mi voz contra ésta, y otras ignominias de similares características, cometidas por esta sociedad violenta e insolidaria, que permanece callada ante tamaño atropello que viene sufriendo la familia de esa engañosa Cataluña que solicitaba, no hace mucho,  con engañosas y bífidas palabras las visitas turísticas, en el mismo idioma español que aborrece.

Quienes consienten, alientan, o participan directamente en esta infamia, sólo merecen que, en un futuro próximo, se haga nuevamente realidad aquel, “Infierno de Cobardes”, denunciado en su día por Martin Niemöller en su poema, “Guardé Silencio”, ante los avisos de peligro por la llegada del Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler, al gobierno de la Alemania del siglo pasado.

En cuanto a los escasos ciudadanos que se convierten por un momento en pequeños “Niemöller”, solicitando “Justicia y Libertad” a los cuatro vientos y, sobre todo, a la familia que tanto está sufriendo en Canet de Mar, sólo puedo dedicarle mi apoyo y las palabras del poeta y dramaturgo español Miguel Hernández: «Una gota de pura valentía vale más que un océano cobardes». Gracias por esa “gota de valentía” que venís demostrando para vergüenza de muchos.