La Economía Fantástica de Pedro Sánchez

El World Economic Forum 2022, fue el lugar elegido por Pedro Sánchez para lanzar a los cuatro vientos las supuestas maravillas económicas y sociales que disfrutamos en España. Con el aforo prácticamente vacío, los deseos del presidente, a falta de planes económicos coherentes, duraron menos que los imaginarios fuegos de artificio que utilizó el líder socialista para engatusar a la adormecida audiencia.

En algunas charlas, foros y cursillos suele decirse que «la economía es una ciencia muy relacionada con la condición humana». Incluso se afirma que, a través de la ciencia económica, pueden extraerse grandes conclusiones sobre dicha circunstancia humana. De ser cierto, se podría llegar a la conclusión de que el comportamiento errático e inconexo del gobierno en materia económica se explica por el indeterminismo que, alejado de la naturaleza y de la vida, justifica la condición humana, en opinión del filósofo Jean-Paul Sartre.

Como vimos durante el fórum económico, el gobierno pone más interés en aprobar la Ley Orgánica de Garantías de la Libertad Sexual; en atacar inútilmente a Vox por cualquier majadería que pase fugazmente por los periódicos, o por ceder a los secesionistas vascos y catalanes el control de las instituciones del Estado que en llevar a cabo las auténticas reformas que permitirían detener la caída del empleo y el crecimiento de los precios al consumo.

Pero, de esto último, nada mostró Pedro Sánchez durante su mitin publicitario en Davos. Esa «economía fuerte y resistente» a la que se refirió tan sólo sirvió para mostrar al mundo empresarial internacional que la capacidad de reacción del gobierno frente a las crisis económicas únicamente pasa por el lanzamiento a los cuatro vientos de ilusiones fantásticas únicamente válidas en los sueños imposibles de un presidente completamente alejado de la realidad social.

Cada vez con más frecuencia, al finalizar este tipo de Foros Internacionales, uno se pregunta si, la locura, se ha adueñado del planeta, o si los ciudadanos vivimos en realidades paralelas a los políticos. Confundir la cortesía con el apaño y la mentira es cada vez más frecuente en estos eventos. Y éste de Davos no ha sido una excepción.

De Pedro Sánchez era de esperar que no perdiera la ocasión para lanzar, sin ningún tipo de pudor, las soflamas características de «optimismo»; de «crecimiento económico» en una España desconocida y, sobre todo, de «éxito sin precedentes» gracias a su política de reformas. Todo esto y más, era de esperar en el ejecutivo del cambio.

Pero, lo que sorprende es observar que, el presidente de la World Economic Forum, el noruego Borge Brende, se suba al carro progresista de ese supuesto «éxito» del reinicio de la economía española, cuando menos resulta innecesario e imprudente.

¿Realmente Brende conoce los datos de la propia Unión Europea sobre España?

Las afirmaciones del presidente de la WEF se produjeron en las mismas fechas que la U.E., FUNCAS, y el Banco de España, criticaban la mayoría de los indicadores y pronósticos económicos utilizados por el gobierno, tachándolos de «irreales, ineficaces y costosos». A lo anterior, conviene añadir lo publicado por Libremercado sobre que, en términos cuantitativos, los españoles «somos un 15% más pobres» desde la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa.

En la misma línea, el mismo periódico económico, considera que, en términos cualitativos «aún somos más pobres» al tener en cuenta la pérdida de poder adquisitivo y el incremento desmedido de la inflación, como demuestra que, en el año 2018 la renta per cápita de los españoles se encontraba en los 30.374€ y que, al finalizar 2021, se encontraba ya en 25.460€.

Esta semana hemos asistido a uno de esos discursos absurdos típicos de Groucho Marx en la película Sopa de Ganso y no al análisis serio de la realidad económica de España y de la Unión Europea, que los analistas y bastantes ciudadanos hubiéramos deseado escuchar. Ni un solo dato de la economía real de nuestro país se atrevió a mostrar el presidente. Realidad que, salvando la economía madrileña, y un poco la andaluza, gracias a que vienen ignorando sistemáticamente las directrices del gobierno, muestra un país que se acerca a marchas forzadas hacia una repetición de la bancarrota griega, aunque de momento, los “regalitos” que reparte Sánchez lo oculten sibilinamente.

Escuchar a la viceministra económica Nadia Calviño alabando a su jefe porque es «un orgullo que Sánchez hable inglés» en un foro internacional de economía, al tiempo que calla los datos reales de paro, de inflación, y de creación de empleo es un insulto para la población y una tomadura de pelo para los posibles inversores y empresarios internacionales.

Los españoles, lejos de la fantasía mostrada en Davos por Sánchez, vivimos en una inmensa granja de George Orwell que, el presidente del gobierno, ha preferido ocultar para no espantar a los posibles compradores de la gallina de los huevos de oro que presentaba ante una audiencia tan escasa que el eco de la sala tenía mejor reverberación que sus palabras.

Que Pedro Sánchez vive en un mundo de fantasía y que, éste mundo, lleva tiempo desmoronándose es una realidad palpable para quienes se informan un poquito y realizan la compra cada día. Cosa que indudablemente, Sánchez, no hace.

El alejamiento de la autoconsciencia que ponía Erich Fromm como condición para que se dé una condición humana beneficiosa para el ser humano y la sociedad lleva al gobierno a una continua invención de realidades, tan fantásticas como ficticias. La cuestión económica, como ocurriera con Felipe González y con José Luis Rodríguez Zapatero, provocará la salida de Sánchez del gobierno. Pero sorprende que, a nadie en el PSOE, le preocupe que, a la par de lo anterior, el partido socialista deje de existir. Amén.

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