OVNIs, La Duda Permanente

Mencionar los Platillos Volantes provoca automáticamente dos reacciones antagónicas. Una sonrisa sarcástica de incredulidad y rechazo es la más habitual. En otras ocasiones, arrancará expresiones de asombro, de admiración o de aceptación. Ambas son características de este fenómeno, quizás el mayor misterio de la historia junto al origen de la creación o de la vida antes del Big Bang.

El día 24 de julio de 1947, es considerado por la mayoría de los investigadores como el comienzo de la etapa “moderna” de los avistamientos OVNI. Ese día, Kenneth Arnold, volaba intentando localizar los restos de un avión de transporte C-46 de la Infantería de Marina USA, accidentado unos días antes. Al acercarse al norte del Monte Rainier en el estado de Washington, vio “una hilera de extrañas aeronaves”, que comparó con “la cola de una cometa china”.

Tras su declaración, el periodista Bill Bequette de la United Press, publicó que tenían forma de “Flying Saucer” (Platillos Volantes). El término se extendió como la pólvora por toda la prensa mundial. Y, como diríamos hoy día, “se hizo viral” a pesar de su inexactitud. En realidad, K. Arnold declaró al periodista que los objetos “volaban de una manera caprichosa. Como cuando usted lanza un platillo sobre el agua, que va rebotando sobre ella…”. En realidad, según el informe de Kenneth Arnold la forma de los objetos sería similar al bumerang.

El acrónimo español OVNI, Objeto Volante No Identificado, proviene de la traducción de otro acrónimo inglés, UFO, Unidentified Flying Object. Esta denominación, UFO, fue establecida por Joseph Allen Hynek, doctor en astrofísica y asesor del gobierno americano y de la USAF en los proyectos de investigación OVNI, Sign (1947-1949), Grudge (1949-1952) y Blue Books (1952-1969). Hynek, organizó los avistamientos desarrollando la primera clasificación de sucesos relacionados con los OVNIs en cuatro tipos que dependían de la distancia y de las señales físicas dejadas.

En tiempos más cercanos, los ufólogos o investigadores sobre OVNIs, vieron la necesidad de establecer un nuevo tipo de suceso que denominaron “OSNI” u objetos no identificados que son observados bajo, o entrando/saliendo de grandes masas de agua (mar, lagos, grandes ríos…).  

A partir de aquí, todo lo relacionado con los OVNIs son historias, bulos, engaños o exageraciones, aderezados con algunas verdades por las que la ciencia y los gobiernos se sienten muy incómodos. Y no me refiero a encuentros con extraterrestres, que no deberían mezclarse con el estudio de los OVNIs a priori, como suele ocurrir gracias a la ciencia ficción.

Desde el encuentro de Kenneth Arnold, los casos de objetos, naves, plasma, nubes, o lo que sea, se han incrementado hasta cotas inimaginables. Con tal cantidad de sucesos, su investigación en profundidad desde ámbitos u organismos privados e independientes se hace casi imposible. Sin embargo, al tiempo que los gobiernos mantienen el más estricto secreto o aparente desinterés, son los investigadores privados quienes llevan la iniciativa.

Los artículos de prensa, los libros, programas de radio, películas y series de televisión que exageran o ridiculizan los sucesos OVNI se entremezclan con seminarios, simposios, publicaciones y declaraciones de los ufólogos. Los gobiernos de todo el mundo, aunque negados en un primer momento, vienen destinando partidas presupuestarias para su investigación, al tiempo que utilizan la negación sistemática de los sucesos como respuesta oficial.

Las afirmaciones fantasiosas se dan la mano con explicaciones oficiales aún más inverosímiles que el propio encuentro con los OVNIs. La Guerra Fría en un primer momento y la aparición del populismo, después, facilitó la implantación desde los gobiernos de la mejor arma para luchar contra la extensión de los avistamientos, “el silencio oficial y la manipulación de la comunicación de masas”. De lo que no se habla, no existe. Lo que no existe, no es un problema.

Resulta curioso que un fenómeno, supuestamente falso, a lo largo de los años haya tenido más investigaciones, estadísticas, análisis, reportajes, críticas, comentarios, entrevistas, películas, series, etc, que cualquier otra investigación científica que se precie. Es cierto que, en muchos casos, se carece de pruebas empíricas que puedan ser admitidas por la ciencia oficial, pero también lo es que, los gobiernos y la ciencia, se niegan sistemáticamente a investigar, incluso, los casos que no pueden ser explicados por la ciencia actual. Estos casos oscilan entre el 1% y el 5% de los casos investigados por los proyectos gubernamentales desde 1947.

El pasado año, Joseph Gradisher, portavoz de la Marina americana, refiriéndose a tres vídeos publicados por The New York Times, sobre los encuentros entre cazas de la marina con OVNIs entre 2004 y 2015, declaró que “La Armada considera que los fenómenos contenidos en esos tres videos no están identificados”. Sin embargo, en infinidad de declaraciones y medios de comunicación, los titulares señalaban que la Marina USA “admitía la existencia de extraterrestres”.

El mayor inconveniente para la investigación seria de los encuentros con OVNIs, es decir, de esos objetos que vemos volando por nuestros cielos, pero de los que se desconoce que son, se debe a los prejuicios extraterrestres, las exageraciones, las especulaciones, y sobre todo a las mentiras interesadas.

Llegados a este punto, ¿son reales los OVNIs? Ajustándonos estrictamente al término, Sí. Cualquier suceso desconocido que surca los cielos del planeta entraría dentro de la definición. Cuestión aparte y más polémica, es si esos OVNIs son vehículos tripulados por extraterrestres. Los inconvenientes del rechazo biológico son muy reales. Herbert George Wells contempló esta posibilidad en su novela “La Guerra de los Mundos” de 1898, y curiosamente, en la actual época de la tecnología y la ciencia popular apenas si es tenida en cuenta cuando se trata de analizar los encuentros con supuestos extraterrestres.  

Los casos auténticos y las pruebas materiales recogidas, como el caso de la marina americana, no prueban, por sí solos, la afirmación extraterrestre, aunque sí la autenticidad de la existencia de fenómenos, ¿naturales?, para los que la ciencia oficial no tiene explicación … Pero quien sabe que nos deparará el futuro.

— oo0oo —

Video: Una de las películas publicadas por The New York Times, analizadas y autenticadas por la Marina americana como “No Identificados”. (AFP Video)

Foto izquierda de cabecera: Imagen de una de las naves típicas supuestamente observadas por George Adamski. El 9 de octubre de 1946, durante una lluvia de meteoritos, Adamski y algunos amigos informaron que observaron en Palomar Gardens una «nave nodriza» de gran tamaño, con forma de cigarro puro. A finales de los años cuarenta, aseguraba que había contactado con unos extraterrestres de aspecto nórdico y muy pacíficos. Durante los años cincuenta se convirtió en el primer contactado. En realidad, se trata de uno de los mayores engaños relacionados con los OVNIs de toda la historia.

Foto derecha de cabecera: Imagen de la supuesta nave extraterrestre que aterrizó en varias ocasiones desde el día 6 de febrero de 1966, en las localidades de Aluche y San José de Valderas, Madrid. Procedente del planeta UMMO, fue considerado como un caso auténtico, entre los años sesenta y setenta. La popularización en España y Francia, dio lugar a varios años de informes, cartas, y llamadas telefónicas de supuestos extraterrestres que vivían entre nosotros desde hacía años. En la década de los años noventa, José Luis Jordán Peña, se declaró como el cerebro de la creación de Ummo.

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