Desde la Soledad del COVID

Mucho se habla del COVID y, hasta cierto punto es lógico. Pero existe un silencio absoluto, o casi, sobre las dudas y los pensamientos que afloran en las personas que sufren la enfermedad, en la soledad, a caballo entre el hogar y una habitación de hospital. Esta es mi experiencia, superado el mes de Soledad.

Viernes 23 de octubre de 2020. Otra noche larga, oscura y febril. Pensamientos, imágenes y sentimientos se agolpan caóticos en la mente y en el corazón. Liberador, llega el amanecer.  Abro la ventana de mi celda. Fuera llueve suave y persistente. Enciendo la radio y suena, una suave canción del gran Serrat, «hoy puede ser un gran día…». Seguro que sí. Para todos.

En este sábado 24 de octubre de 2020, hay cosas importantes e ineludibles para la vida. Una de ellas podría ser que un hombre ha de saber y conocer el lugar que ocupa. Ahora que tengo tiempo me he puesto a ello. Estoy midiendo mi prisión. No tengo metro. Lo hago por baldosas y azulejos. Las hay en cuadrados de 20×20, de 40×40… Otros son rectangulares, aunque a veces el remate es parcial…

Me pierdo y, enfadado, me tumbo en el suelo, mientras me cago en “tó…. Se me pasa y empiezo de nuevo.

El domingo 25 de octubre de 2020, desde la soledad, vuelvo a la guerra. En estos días grises he vuelto a la infancia. A sus juegos casi olvidados ya en el espejo roto de la memoria. Juego al escondite, al objeto oculto, al veo…veo, a la brisca…

Y lo que es peor: hago trampas.

Cuando me toca pagarla, mientras cuento, abro los ojos. Me leo todos los sobres con las pistas. Pongo la cosita esa, en el centro de la mesa y…, en cuanto se descuida le miro las cartas. No sé…no sé…

El día 30 de octubre de 2020 ha llegado. Desde ningún sitio, o desde todos, ha llegado. Han secuestrado mi cuerpo, me han abducido, y lo que es peor, están intentando hacer lo mismo con mi mente y mi alma. Voy resistiéndome. No me dejan día, ni noche. Este momento, de ahora mismo, define mejor que yo, la canción “Maneras de Vivir” del gran Leño.

Buscaros una buena versión en YouTube, escucharla con atención, bailar, beberos unas birras, abrazaros…lo que queráis…

Llega el día de todos los Santos, 1 de noviembre de 2020. Apuntando ahora en mi agenda observo que está llena de notas, de apuntes, de vida pasada. Todos los años programamos y soñamos actividades. Luego, con el devenir de la vida, se cumplen, se modifican, se cancelan, sobrevienen otras nuevas. Con covid o sin él, siempre es así.

En este domingo de descanso bíblico obligado recuerdo a personas queridas, os aporto dos leves sinopsis. Una cita de Jorge Manrique: «Cuán presto se va el placer; cómo después de acordado da dolor». Y una canción de Celtas Cortos: «Retales de una vida».

Desde la soledad he llegado hasta el décimo día de noviembre de 2020. Puntos de encuentro. La habitación del hospital mide 12.38 m y el aseo 1.93 m. Dos hombres. Uno en la ventana, y yo puerta. El primero, Mohamed, árabe, alto, fibroso. Ojos oscuros, profundos. Que es de Marruecos grande y su rey muy bueno. Compartimos cuatro días.

Luego Hermann, bielorruso, 135 kilos, ojos pardos tristes. Que “Lukashenko” como Franco. Convivimos tres días y sus noches. Al principio nos miramos de soslayo. Luego ya de frente. No hablan español. Nos comunicamos en francés. Tienen hijos, y están en el paro. Nos deseamos suerte. Nunca olvidaré esos ojos… Au revoir.

La vida Desde la Soledad, continúa el día 13 de octubre de 2020, en esta jaula de oro en la que habito desde hace ya veintiséis noches. En calidad de único invitado, todas las ventanas tienen rejas. Desde su interior, la visión se cuadrícula. Ahora, recibiendo el nuevo día, contemplo admirado la desigual lucha entre la numantina niebla y el rey sol.

Y en esta soledad placentera reparo que, en toda esta odisea, he pensado y me he acordado más de otros, alter, que en mi ego… Quizá me esté haciendo viejo.

Hoy ha vuelto a llover. Desde aquí, donde habita el olvido, contemplo la lluvia golpear en los cristales y romperse en miles de gotas. El exterior se difumina. Cae la niebla y la noche. Los días son ya muy cortos. Acompañado de la soledad, siempre fiel, siento que el agua inunda el espejo roto de mi memoria. Hace aflorar, dispersos como después de un naufragio, los recuerdos, las imágenes, los pensamientos, las vivencias, y los sentimientos pasados… Y quizá también futuros.

El aguacero arrecia. Cansado cierro los ojos.  El sueño, siempre vigilante, y ahora también redentor, me traslada a otros lugares, a otros espacios, a otras dimensiones…

…Y aún desconozco hasta cuando durará esta existencia “Desde la Soledad”

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